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Presobene

Presobene revoluciona el mundo del gin con un enfoque que combina creatividad, investigación y un gusto contemporáneo. Un proyecto donde el diseño de la botella se convierte en aliado esencial para contar una nueva forma de beber.

¿Qué significa para vosotros «reescribir el alfabeto del paladar» y de qué manera Presobene rompe las reglas de la ginebra tradicional?

Para nosotros significa cuestionar lo que se da por sentado en el mundo de la ginebra. Presobene nació casi por casualidad: Alberto Presezzi quería crear una ginebra y se lo comentó al chef Stefano Grandi, del restaurante Il Santa de Milán. Se pusieron a probar, destilar y degustar. El resultado no es la típica ginebra aromática para aperitivos, sino una ginebra que combina muy bien con la comida, que la acompaña en lugar de dominarla. Es una ginebra para acompañar las comidas, elaborada únicamente con botánicos naturales, sin conservantes ni aromas añadidos, con un sabor natural que le aporta, entre otras cosas, la alcaparra de Salina. El sorbo no concluye, sino que prolonga el placer, sugiriendo naturalmente beber otro. Aquí es donde se rompe la regla: Presobene no es una ginebra que se toma antes de la comida. Es una ginebra que se toma durante la comida. Y también funciona después, porque no cansa. Permanece.

¿Qué inspiraciones han guiado la creatividad de vuestra botella?

La botella nace de las intuiciones del arquitecto Ivo Redaelli que, sin considerar la producción como una limitación, deja espacio a la creatividad. El resultado es una estructura que parece más esculpida que diseñada: facetada, equilibrada, casi en suspensión. El tapón, una turbina estilizada, es un homenaje a los orígenes metalúrgicos de la empresa de Alberto, una referencia a lo que genera movimiento.

¿De qué manera el envase ha contribuido a la narrativa del producto y a la identidad de su marca?

La decisión de no utilizar etiquetas, sino una decoración directa sobre el vidrio, no es estética, es identitaria. Si dices que tu ginebra nace de la pureza, la intención y la precisión, no puedes ocultarla detrás de un exceso de diseño gráfico. La botella, cuando está en las estanterías de un local o sobre una mesa, habla por sí sola. No tiene leyendas, no tiene explicaciones al lado. Es a través de su peso, su luz y su presencia que comunica su naturaleza. Es una declaración: lo que ves es exactamente lo que bebes.

¿Qué dirección imaginan para el futuro de Presobene y el arte de beber contemporáneo?

No imaginamos un futuro hecho de aceleraciones o tendencias que perseguir. Más bien, vemos un retorno a la mesa como lugar de relación y escucha. No solo importan los sabores, sino la forma en que se disfruta de la compañía mientras se bebe. La experiencia de los TheFork Awards ha reconocido precisamente esto: Presobene no pertenece a la lógica del aperitivo rápido, pertenece al momento en el que nos miramos a los ojos, compartimos y hablamos. El futuro, para nosotros, es un consumo más consciente, más lento, más sensorial. No moralista, sino atento. No ostentoso, sino sincero.

¿Cómo describiríais la experiencia de trabajar con VETROelite?

Ha sido una colaboración en la que la palabra clave ha sido «escuchar». La botella que habíamos imaginado era compleja y, en algunos aspectos, obstinada. Sus facetas, su equilibrio, su tapón escultural: nada era fácil de llevar a la producción. VETROelite no solo aceptó el reto, sino que lo acompañó. Fue un socio paciente cuando se necesitaba tiempo y decidido cuando se necesitaban soluciones. Trató nuestra idea con el mismo cuidado con el que se tratan las cosas que tienen un valor emocional, no solo técnico. Y al final, el vidrio que vemos hoy no es solo un recipiente: es una traducción fiel de una intención. De la más alta calidad.